18:24 h del Sábado día 22 de Septiembre de 2018

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Atrio de los gentiles: “¿Es creíble la Resurrección de Jesús? Argumentos históricos de la resurrecci

1.- Historicidad de la Resurrección de Jesús.

¿Cómo sabemos que Jesús ha resucitado de entre los muertos?,  el cristiano suele responder que es cuestión de fe, que Jesús es el Hijo de Dios,  desde el punto de vista existencial  es común que se diga  algo así como que vive dentro de él o que lo ha experimentado. Esto es legítimo,sin embargo como señala Pannenberg no hay parte de la visión cristiana más radicalmente opuesta al espíritu del secularismo que la esperanza cristiana en una vida ultraterrena[1], lo  que implica que cuando interactuamos con incrédulos en la plaza pública  debemos presentar las evidencias y argumentos que apoyan nuestras creencias. Hoy día es de especial importancia dar las razones de nuestra fe en una cultura  donde un musulmán puede abordarnos diciéndonos que realmente Cristo no murió en la cruz,  o donde a los jóvenes bachilleres o universitarios se les plantea una crisis de fe al presentársele la resurrección como algo mítico, o cuando vemos  una película o leemos una novela donde Cristo se identifica como una deidad  gnóstica, por poner solo unos ejemplos. Un comentario más, felicitando la Pascua de Resurrección en las redes sociales  más de un contacto respondía con cierta hilaridad a la exclamación:Felicidades, ¡Jesús ha resucitado!  Sin aportar razones y argumentos a las cuestiones que se nos presenten, nuestras afirmaciones no tendrán más credibilidad que cualquier afirmación, sea la que sea, sobre  una experiencia privada.

El Cristianismo es una religión arraigada en la historia y puede en cierta medida ser investigada en la historia, eso es lo que haremos en este artículo respecto al tema de la resurrección de Jesús analizando los datos que la avalan.Parece obvio que la fe es la piedra angular para hablar de Dios.Cuando nos planteamos: ¿quién  fue realmente Jesús?[2], los cristianos nos solemos remitir simplemente a la autoridad de la Biblia, sin embargo desde el siglo XIX, la historiografía, calcada del modelo de las ciencias naturales, ha insistido en no aceptar de entrada las afirmaciones bíblicas como palabra de Dios, sin comprobar primero su autenticidad histórica. Nosotros vamos a aceptar el reto, vamos a remitirnos a los textos como nos acercaríamos a  otras fuentes históricas antiguas sin más fiabilidad que la de unos textos griegos llegados desde el siglo I de nuestra era.  Para el análisis de las fuentes históricas  sobre la resurrección  podemos utilizar  el método que Gary Habermas[3] define como de hechos mínimos, Habermas propone una serie de herramientas que podemos aplicar a las fuentes de que disponemos, entre ellas  destacaría la existencia de fuentes cercanas a los hechos,  la existencia de múltiples fuentes, los testigos presenciales o el testimonio vergonzoso (aquel testimonio que no se daría si la escena fuera una pura invención). La idea central es  desvelar aquellos hechos que aceptarían la mayoría de los eruditos, sean creyentes o no. Una vez destacados estos hechos buscamos la explicación más plausible, primero explicaciones de tipo naturalista, sino las encontramos habremos de reconocer que la evidencia recogida  apunta a la hipótesis sobrenaturalista como la mejor.

2.- Hechos que avalan la resurrección de Jesús[4].

 

2.1- La existencia histórica de Jesús y su muerte por crucifixión.

La existencia histórica de Jesús es un hecho prácticamente incuestionable para el mundo académico, simplemente decir que además de los textos neotestamentarios podríamos citar fuentes extrabíblicas[5]  como por ejemplo la de Tácito, Suetonio, Plínio el joven, Flavio Josefo, Luciano de Samosata, Mar Bar-Serapión  o el Talmud Judío, todas ellas anteriores al año 150, y en su mayoría haciendo referencia a la muerte de Jesús. Respecto a la muerte de Jesús por crucifixión  las fuentes bíblicas son numerosas,  además de los cuatro evangelios destaquemos  los Hechos de los Apóstoles o las Cartas paulinas. Así pues no resulta extraño que un agnóstico como el  historiador  Bart Ehrman llegue a decir que uno de los hechos más ciertos es que Jesús fue crucificado.

2.2- La sepultura de Jesús en una tumba.

Después  de su crucifixión, Jesús fue sepultado en una tumba por un miembro del Sanedrín, José de Arimatea, testimonio recogido por los cuatro evangelistas. Hablemos de  las fuentes independientes tempranas. San Pablo habla en 1 Cor. 15, 4 de la tradición que ha recibido de la sepultura de Jesús, y el testimonio también es utilizado por una fuente muy antigua usada por Marcos en su Evangelio para narrar  la Pasión. Schillebeeckx  en su magna obra Jesús, laHistoria de un Viviente[6] afirma que el movimiento iniciado por Jesús resulta extremadamente significativo cuanto que, tres años después  de la muerte de Jesús en la cruz ya estaban fijadas las formulas confesionales  básicas, llamadas desde entonces cristológicas, no olvidemos que el fariseo y perseguidor de Cristianos Pablo se convirtió apenas tres años después de la crucifixión de Jesús.Hablamos de tradiciones (pre-paulina y pre-marcana) independientes y que se remontan al cristianismo más primitivo.

Otro dato interesante es la improbabilidad de que José  de Arimatea, miembro del Sanedrín judío sea una invención cristiana. Imaginemos el resentimiento de la primera comunidad cristiana contra los dirigentes judíos, principales artífices de la muerte de Jesús, para que un miembro del Sanedrín fuese escogido para dar una sepultura apropiada a Jesús en vez de ser despachado como un delincuente común. Además no existe ninguna otra historia competidora de la sepultura. Si el entierro por José de Arimatea fuese ficticio esperaríamos encontrar algún rastro histórico de lo que sucedió realmente con el cadáver de Jesús, o por lo menos leyendascompetidoras. No sorprende que, a pesar de algunos escépticos, en este tema el profesor de Cambridge John A. T. Robinson afirme tajantemente que el entierro de Jesús es uno de los más tempranos y mejor atestados hechos acerca de Jesús. No olvidemos que esto indica que la ubicación de la tumba era conocida en Jerusalén.

2.3-La tumba vacía.

Veamos el tercer hecho. El domingo siguiente a la crucifixión, la tumba de Jesús fue hallada vacía por un grupo de sus seguidores. La historicidad de la sepultura de Jesús avala el hecho de la tumba vacía. Si la ubicación de la sepultura de Jesús era conocida cuando sus discípulos comienzan a predicar la resurrección en Jerusalén, la tumba tendría que estar vacía. La historicidad de la tumba vacía es también atestada por múltiples fuentes independientes. Por ejemplo la fuente pre-marcana en la que se basa Marcos para narrar la pasión termina con la historia de la tumba vacía. También es evidente que implícitamente Pablo lo reconoce en 1Cor 15. Para cualquier judío  del siglo primero decir que un sepultado fue resucitado implicaría la existencia de una tumba vacía. Fijémonos también en quela narración de Marcos es totalmente sobria, carente de embellecimientos legendarios. Comparémosla por ejemplo con el Evangelio apócrifo de Pedro datado a finales del siglo segundo lleno de sucesos impresionantes fruto de una imaginación desbordada.

Es muy interesante el añadido de Mateo que nos habla de la temprana alegación judía de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús (Mt 28, 15). Obviamente éste es un dato  que evidencia que la tumba estaba vacía. La mayoría de los eruditos, indica el profesor de la Universidad de Viena Jacob Kremer,  corroboran la fiabilidad de las declaraciones bíblicas sobre la tumba vacía.

2.4- Apariciones del resucitado

Veamos el cuarto hecho. En múltiples ocasiones y bajo circunstancias variadas individuos y grupos de personas experimentaron apariciones de Jesús vivo después de la muerte.

¿Cuál es la antigua noticia más segura de la resurrección de Jesús? Jacob Kremer[7]señala que es la fórmula de fe que Pablo cita en la carta que,por el año 50, escribe a los cristianos de Tesalónica, y que tanto a él como a sus lectores les resulta familiar: “Creemos que Jesús murió y resucito” (1 Tes 4,14). En estrecha relación con esa fórmula de fe está el conjunto de temas centrales de la predicación que cita Pablo unos años más tarde -hacia el 56- en 1 Co 15, 3-8: “…que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y después a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego a Santiago(muy interesante dato porque se refiere al escéptico hermano, entiéndase familiar del Señor); más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí…”;Pablo indica que lo que ha transmitido es la tradición que ha recibido. Todos los exégetas están de acuerdo de que se trata de un antiguo credo que se remonta al comienzo de la predicación evangélica, tanto la estructura del texto como el léxico poco usual que utiliza Pablo así lo delatan. Además Pablo subraya que ese anuncio, que él trae a la memoria, lo comparten los demás apóstoles (V. 11) y los mismos lectores, estamos hablando de algo recibido por él como Credo de las primerísimas fuentes cristianas muy poco después de la muerte de Jesús.

La afirmación “resucitó” tiene también una doble apostilla. El “al tercer día” indica, como mínimo, una proximidad temporal y al añadir de nuevo “según las Escrituras”, se indica que aquél“resucitó”, resultó desde el comienzo tan extraordinario que hubo que añadir el testimonio de la Escritura para hacerlo creíble. Que resucitar designa algo que supera todas nuestras representaciones lo muestra también el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre en los mitos, nunca la Biblia habla de testigos presenciales del momento de la resurrección. Solo habla de Cefas, de los Doce y de otros a losque se les presentó vivo.

Quisiera destacar aquí los relatos evangélicos referentes a los primeros testigos de la resurrección[8]. El que estos  fuesen escritos en los años 60, 70 u 80 del primer siglo no afecta en absoluto a la argumentación. El punto nodal es  el que todos los relatos presenten ciertos rasgos clave, comunes a los cuatro evangelios, mostrando a las claras que se remontan a tradiciones orales tempranas. Esto es de enorme importancia. Como sostiene N. T. Wright, si fuésemos judíos del siglo I que intentásemos inventar una historia sobre la resurrección de entre los muertos la fuente bíblica a la que recurriríamos sería naturalmente Daniel 12: “los justos brillaran como estrellas en el reino del Padre”. Ningún relato de la resurrección muestra a Jesús así. El retrato de Jesús en la resurrección es extraño, no hay relatos comparables en las narraciones  judías de la época. Es como si los evangelistas intentasen decirnos  que os será difícil de creer,  pero esto fue así. Cualquiera que hubiese inventado una historia pascual ficticia hubiera incluido a un Jesús más claramente visible. Pero ahora miremos lo contado en los evangelios sobre el papel de las mujeres, lo primero que observamos es que siendo idénticos en el contenido esencial no han sido copiados simplemente unos de otros. En segundo lugar se sabe que las mujeres en el mundo hebreo y romano no eran consideradas como testigos creíbles en los tribunales de justicia. De hecho Pablo ya hacia el año 55, cuando Escribe la primera carta a los  Corintios, ya no las cita. O sea,  ya para los años cincuenta del primer siglo  la versión oficial de la tradición pública había censurado estos testimonios porque sabía que suponían un problema. Para que veamos el problema  pensemos  que  por ejemplo  el pagano Celso[9],un siglo más tarde,  despreciará el testimonio de la resurrección diciendo que…”esta fe se basa solo en el testimonio de unas mujeres histéricas…”. Más aún poner a María Magdalena en el centro de la historia para un supuesto  apologista cristiano que se hubiese inventado el relato sería como dispararse al propio pie. Como señala Wright los primeros cristianos nunca se hubieran inventados una historia así. Estos datos son muy importantes para un historiador  precisamente como signo de autenticidad histórica.

Hay un mito moderno que sostiene que gracias a la ciencia moderna posterior a la Ilustración hemos descubierto que los muertos no resucitan. Aquellos pobres  antiguos eran una especie de ilusos que creían en todos esos milagros absurdos. Esto es un mito simplemente falso. Los antiguos reaccionaban con incredulidad a la idea cristiana de la resurrección, ellos sabían perfectamente que los muertos quedaban en sus tumbas. Más aún, en el mundo pagano esta idea era simplemente despreciable. Además los judíos que creían en la resurrección pensaban en ésta como un acontecimiento que le ocurriría a todo el pueblo de Dios al final de los tiempos, pero no a una persona individual y menos al Mesías, que no moriría.

Ante esto, seamos creyentes o no,no podemos negar, como señala el agnóstico GertLüdeman, que  tanto Pedro y los discípulos, como un nutrido grupo de los que formaron la primera comunidad cristiana, tuvieron experiencias de Jesús después de su muerte. O sea, los discípulos creyeron que Dios había resucitado a Jesús a pesar de tener toda  predisposición en contra de ello, pues los judíos no tenían ninguna expectativa  de un Mesías derrotado y muerto. La propia ejecución de Jesús demostraba que era un hereje según la Biblia, “maldito el que muere en un madero” se dice el libro del Deuteronomio (Deut. 21, 23); y la creencia judía acerca de la otra vida impedía nadie resucitara antes de la resurrección general al final del mundo. Lo más que  se hubiera esperado de  los discípulos es  que hubiesen conservado la tumba del maestro como un santuario donde residieran sus huesos hasta que todos los justos de Israel fuesen resucitados por Dios. Sin embargo algo les pasó de tal manera que aquel grupo de personas creyeron en Jesús resucitado y estuvieron dispuestos a morir por  su fe en Él. Se requiere una clase de experiencia muy poderosa para explicar esto.

 

3.- Busquemos una explicación.

Tenemos pues  tres hechos muy asentados  y reconocidos por la mayoría de los académicos:

-El crucificado.

-Una tumba vacía.

– Unas apariciones del resucitado atestiguadas por los primeros cristianos.

Una tumba sin apariciones hubiese hecho pensar en los ladrones de tumbas, como le ocurre a la misma María Magdalena: “se han llevado el cuerpo de Jesús”(Jn 20,2). Nunca hubieran hablado de resurrección si hubiese acontecido así.

Tampoco vale explicar los datos históricos diciendo que los discípulos tuvieron algún tipo de experiencia que tomaron por un encuentro con Jesús. Todos sabían de alucinaciones o visiones. De toda la historia nos llegan narraciones que hablan de apariciones, miremos  por ejemplo  ciertos textos de Homero oVirgilio, o, simplemente,  cuantas personas aducen que un difunto se le ha aparecido. Todos ellos saben que están muertos, no piensan que han resucitado, pues los muertos no resucitan. Todos pueden decir: mira, el cuerpo está ahí. Lo acontecido a aquel primer grupo de cristianos fue distinto  y les transformó radicalmente la vida. El historiador debe pensar que hubo una tumba vacía, y los testimonios de personas que experimentaron realmente encontrarse con  alguien que identificaron como Jesús, aunque pareciera estar extrañamente transformado en una forma que no esperaban, y que nosotros encontraríamos tan confusa como ellos. Y ahora debemos dar el último paso en cuanto personas que reflexionamos, ¿cómo explicar esto?

Hagamos un elenco de las explicaciones más plausibles[10]. Deberemos buscar la que tenga mayor alcance y poder explicativo. La que requiera menores hipótesis adicionales, la que pueda abarcar todos los hechos descritos. Señalemos algunas de las principales hipótesis naturalistas que se han presentado para explicar estos hechos.

*Es un relato legendario,o sea, una leyenda. No se sostiene en absoluto dado las fuentes de la que disponemos que se remontan al cristianismo primigenio. Se considera que al menos son necesarias  dos generaciones para que se generen leyendas, además  no explicarían conversiones como la de San Pablo o la de Santiago, el familiar de Jesús.

*Alucinaciones. No explicarían ni la tumba vacía, ni las creencias judías que no incluían a un mesías resucitado, de hecho los discípulos no esperaban ver a Jesús resucitado. Tampoco explicarían las distintas circunstancias  y lugares, así como a los grupos numerosos a los que se aparece. De hecho el psiquiatra Gary A. Sibcy  que estudió el tema de las supuestas alucinaciones grupales  concluyó que no había encontrado en la literatura científica ni un solo caso de alucinación de grupo.

*Robo del cadáver y manipulación por parte de los discípulos. Jocosamente diría que los mentirosos son muy malos mártires. No explicaría la transformación de los discípulos, menos aún la conversión de Pablo o Santiago el hermano del Señor. Desde luego es contradictorio con la variedad de las fuentes que hemos analizado.

*Muerte aparente.  Desde luego no hubiese sido menor el milagro de sobrevivir a la cruz, pero además, como en su tiempo señalara David Strauss,  un Jesús  medio muerto no habría sido objeto de adoración sino a lo sumo de compasión.

*No hay evidencia suficiente. Baste un solo ejemplo para rebatir esto: sobre el emperador Augusto tenemos seis fuentes antiguas principales, la primera  una inscripción funeraria escrita en el momento de su muerte de menos de 4.000 palabras, las otras cinco datadas de 90  a 200 años después; de Jesús cuatro evangelios escritos dentro de los años 20 a 65 después de su muerte, además de los escritos de Pablo, Hechos de los Apóstoles, etc. Fuentes muy antiguas e independientes.

Además de todas éstas se han ofrecido  multitud de explicaciones, algunas de lo más baladí: Jesús tuvo un hermano gemelo, la resurrección fue espiritual, que fue un suceso psicológico de disonancia cognitiva, la tumba estaba equivocada, se ha acudido a los evangelios apócrifos, a la búsqueda de paralelos en relatos paganos….

Los cristianos tuvieron otra explicación:Dios lo ha resucitado de entre los muertos. Ciertamente  tomada como hipótesis esta explicación tiene un mayor alcance y  poder explicativo respecto de los datos que ofrecen las fuentes. Puede abarcar todos los hechos descritos, y solo necesita una hipótesis adicional: Dios existe. Con mucho  ésta  parece ser la hipótesis más plausible.

Entonces  nos pueden preguntar, ¿por qué  muchos no aceptan la resurrección de Jesús?,  y ¿por qué, especialmente en occidente, existe tanta renuencia a tratar el tema por parte de algunas personas?  Obviamente no puede uno por argumentos obligar a otros a creer porque esto depende de la cosmovisión que se tenga. La cosmovisión actúa como la lente desde la que observamos y comprendemos la realidad, aceptando o rechazando ideas de principio. Si en nuestra cosmovisión no tiene cabida la existencia de Dios no podremos creer que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Consideremos por ejemplo la cosmovisión  metafísica del naturalismo imperante en ciertos ámbitos de la cultura occidental, desde el naturalismo se nos dice: “el único conocimiento válido es el científico, más allá de lo demostrado por la ciencia empírica no hay ninguna realidad,  y la ciencia nos demuestra que ni Dios, ni los milagros existen, luego la explicación  Dios resucito a Jesús de entre los muertos no es válida”.  Lo primero que salta a la vista es que el naturalismo es una metafísica materialista, es muy cuestionable que la única realidad existente es la que nos desvelan las ciencias y que el único conocimiento válido sea el científico, de hecho el propio naturalismo es una visión filosófica determinada,  no es ciencia sino una fe dogmática. Pero hay más, lo que demuestra la  ciencia es que la resurrección natural no existe y aquí no hablamos de algo natural sino sobrenatural. Si Dios existe esto sería totalmente plausible y los datos que hemos discutido así lo avalan. Recuerdo como Gary Habermas hablaba del profesor que le había dirigido su tesis doctoral en la quetrataba  sobre este tema, una vez  concluida la tesis le había comentado que su argumentación era sólida pero que él no la podía creer, porque  aunque  no tuviera idea debería existir otra explicación. Por poneros otro ejemplo muy actual, según el naturalista la libertad no cabe dentro de una explicación naturalista luego la libertad es una pura ilusión , la libertad no existe, lo que  ocurre, señalan, es que debe tener una explicación que hasta ahora se nos escapa. Lo lógico sería replantearse la cosmovisión naturalista dado que  no puede explicar aspectos de la realidad tan evidentes como la libertad o la conciencia humana, sin embargo el filtro ideológico es tan fuerte que no llegan a ver algo que parece tan evidente.

Conviene,  citando a Pannenberg[11],  que cuando se lo impongan las buenas razones, el pensamiento y la teología se distancien de la imagen contemporánea  del mundo y aún de la ciencia, en lugar de adaptarse precipitadamente a cualquier novedad.  Hablando de la resurrección de Jesús bastaría cambiar la cosmovisión, pensar que tal vez existe un Dios creador para que todos los datos que tenemos encajasen y viéramos a las claras que la hipótesis “Dios lo resucito de entre los muertos” es la que reúne todos los requisitos para ser cierta.

Según los textos aducidos, los apóstoles y los primeros cristianos estaban convencidos de la muerte y resurrección de Jesús. De no ser así, no hubiéramos tenido noticias de Jesús. La convicción de la muerte y resurrección de Jesús, que subyace en todos los escritos del NT es la que lleva a plantear radicalmente la cuestión “¿quién fue realmente Jesús?”El historiador puede llegar hasta ahí, si prescinde de la resurrección, el aspecto que los evangelistas consideran más esencial de la persona de Jesús, todo resulta un relato abstracto y sinsentido.Los cristianos  creemos que los seres humanos mueren no para quedar muertos, sino, como Cristo, para resucitar. Y resucitar para la vida. Esta sería la última palabra sobre la condición humana: no el fracaso de la muerte, sino la plenitud de la vida que, habiendo surgido del amor, es, como el amor, más fuerte que la muerte[12].

No hemos tratado de demostrar nada sino de mostrar la razonabilidad de creer en aquellos primeros testigos, de afirmar claramente  la plausibilidad de la hipótesis de la resurrección, desde el punto de vista de la historiografía y del pensamiento podemos llegar ahí. Ahora damos el testigo a esa fe que busca entender e iluminar que es la teología. Ahora es el momento de buscar los significados profundos y las implicaciones de aquel acontecimiento. La Resurrección de Jesús es el imprimátur divino de Dios sobre la persona de Jesús, sobre su vida y su muerte, sobre sus hechos y sus palabras. Y la persona  usando de su racionalidad difícilmente puede ser culpada si cree que en aquella primera mañana de Pascua un gran milagro ocurrió.

Juan Jesús Cañete
Sacerdote y Profesor de Filosofía
Parroquia de Cristo Rey Jaén 2008 ©