20:47 h del Lunes día 24 de Julio de 2017

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Belén

Palabra de Vida

DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A


«Dejadlos crecer juntos hasta la siega»

PARÁBOLA DE LA CIZAÑA Y EL TRIGO

1. APARECE LA CIZAÑA EN MEDIO DEL TRIGO

Jesús nos habla de la cizaña y el trigo. La cizaña es una hierba mala que, cuando está germinando, se parece al trigo y le impide crecer, pero que, una vez crecida, es de menor altura. El trigo se distingue de la cizaña por sus frutos. Al ser la cizaña una planta nociva, su quema simboliza en el Antiguo Testamento el juicio de Dios a los pecadores. Como las zarzas, la cizaña  representa a los que se oponen al crecimiento del reino de Dios. Evidentemente, en cualquier campo hay hierbas dañinas que es difícil eliminar. Sólo es posible separar la cizaña del trigo después de la siega con un tamiz calibrado, ya que los granos de cizaña son más pequeños que los del trigo. La cizaña  no vale y se quema, y el trigo se lleva al granero.

2. ¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA QUE CREZCA EL REINO DE DIOS?

El acento de la parábola está puesto en la cizaña que sembró el «enemigo» o el «maligno»; mejor dicho, en la perspectiva de lo que debemos hacer o dejar de hacer para que crezca el reino. Jesús nos recomienda la paciencia y no precipitarse a efectuar la recolección. Jesús dirige su mensaje a los pecadores, no a los puros. Es necesario dar un tiempo adecuado a la conversión. La cizaña no puede convertirse en trigo pero los pecadores sí. Debemos dejar el juicio a Dios.

3. EN NOSOTROS Y EN LA SOCIEDAD SE MEZCLAN LO BUENO Y LO MALO

En el reino de Dios -tanto por lo que respecta a nuestro propio interior como a la sociedad en general- se mezclan lo bueno y lo malo. Y, así como Dios tolera a todos en la creación -buenos y malos-, así también debe respetarse la libertad del ser humano, que es un bien esencial del reino. No precipitemos los juicios, no nos erijamos en jueces definitivos. El «enemigo» o el «maligno» representa a quienes pretenden hacer fracasar la obra de la salvación. Se dan, pues, dos siembras opuestas. Se nos invita a que seamos pacientes y humildes en nuestros juicios. El fácil recurso a dividir a las personas en buenas y malas es simple e inexacto: todos tenemos de todo. Incluso sembramos de las dos clases de semillas, y a veces más de la una que de la otra. Al final, Dios juzgará por las conductas. Sólo Él sabe distinguir la cizaña del trigo.

¿Somos tolerantes o intolerantes con los demás? ¿En virtud de qué hacemos nuestros juicios? ¿Tenemos en cuenta que la medida que usemos con los demás la usará el Señor con nosotros?
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