21:57 h del Miércoles día 21 de Febrero de 2018

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Cristo de la Humildad

Palabra de Vida

DOMINGO 1 DE CUARESMA CICLO B

LOS CUARENTA DÍAS Y LA CONVERSIÓN CUARESMAL

Ha comenzado la Cuaresma, que nos prepara e introduce en la Pascua, culmen de la fe y de las celebraciones cristianas. La Cuaresma comienza el miércoles de ceniza y termina en la tarde del Jueves Santo inmediatamente antes de la Misa vespertina de la Cena del Señor. El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, cuyas grandes coordenadas, que marcan la renovación y la conversión, son la Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la Reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia.
Con su duración de cuarenta días, la Cuaresma adquiere una indudable fuerza evocativa. Cuaresma es camino de preparación y pórtico de ingreso al misterio pascual. Este camino está estructurado bajo la tipología bíblica de los cuarenta días del Diluvio, y los de Moisés en el Sinaí, los cuarenta años de Israel en el desierto, los cuarenta días de ayuno de Jesús antes de comenzar su vida pública. Desde la antigüedad el camino está dominado por la cruz de Cristo, que exige conversión y bautismo.                     
La Cuaresma es un tiempo propicio y favorable, una oferta de gracia, un período privilegiado para crear la primavera del espíritu pascual. El leccionario bíblico de este primer domingo subraya dos aspectos de la misma realidad, el bautismo y la conversión, es decir, la acción salvífica y gratuita de Dios y la respuesta humana. Por eso el diluvio ha sido interpretado litúrgicamente como el gran bautismo de la humanidad, que fue recreada para establecer con Dios una nueva alianza.


«Convertíos y creed en el Evangelio»

1. DEJAOS CONVERTIR

«Convertíos», decía Jesús en Galilea, «donde empezó la cosa». Es una gran palabra, sobre todo si se completa con la siguiente: «Creed en el Evangelio». «Convertíos» no es simplemente que se nos perdonen los pecados. Jesús no se limitó a decir: vengo a perdonaros los pecados. Le hubiera sido tan fácil, como cuando perdonó al paralítico o a la mujer pública.
Jesús dijo: «convertíos», o mejor: dejaos convertir. Tendréis que dar un cambio tan radical que no lo podréis conseguir con vuestras propias fuerzas. Tenéis que cambiar, no de vestidos ni de prácticas piadosas o de costumbres morales; tenéis que cambiar de pensar, de sentir y de ser; necesitáis ojos, cerebro y corazón nuevos; necesitáis ser otra persona, necesitáis volver a nacer.
Pero no os preocupéis, que todo esto es obra del Espíritu. Basta que creáis en Dios, que creáis que Dios viene, que creáis que el Reino de Dios empieza, que creáis que Dios os ama. Este es el «Evangelio»: la buena noticia de que Dios os ama y se acerca como Salvador. Convertirse es creer en el Evangelio.

2. ABRÍOS AL AMOR

Porque creer en el Evangelio es abrirse al amor y a la fuerza de Dios. Si os abrís a Dios, si dejáis entrar a Dios en vuestra vida, entonces todo cambiará en vosotros.
Vuestro cambio tiene que ser de la tristeza a la alegría, de la desesperanza a la fe, del miedo a la fortaleza, de la esclavitud a la libertad, del egoísmo al amor, de vuestra injusticia a la «justicia» o santidad que viene de Dios.
El mensaje de Jesús se recibió con expectación y enorme alegría. No podía ser menos, porque anunciaba la llegada del Reino de Dios, tan prometido y tan esperado.

3. CREED EN EL EVANGELIO

Pero este mensaje de Jesús sigue resonando hoy, que empieza la Cuaresma, y siempre. «Convertíos, dejaos convertir o, lo que es lo mismo, creed en el Evangelio». Es el paso de nuestra justificación a la «justicia» de Dios; es despojarnos de nuestras cosas y aun de nosotros mismos, para llenarnos de Dios; es morir o crucificar nuestra propia vida, para vivir la misma vida de Cristo; es sumergirse en Cristo, es dejarse mover en todo por el Espíritu de Dios.
Comprenderéis que la conversión no es solo la confesión, tan necesaria. Se necesita una renovación continuada y permanente. Es algo que no está sólo en nuestras manos -¿quién puede por sí mismo volver a nacer? Conviértenos, Señor, y nos convertiremos a Ti.
  
¿Superamos la prueba de la tentación, como Jesús? ¿Nos convertimos de verdad y creemos en el Evangelio?
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