22:08 h del Jueves día 15 de Noviembre de 2018

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Palabra de Vida

DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

Día 11 de Noviembre


1ª LECTURA (1 Re 17,10-16)

Lectura del primer libro de los Reyes.
En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda, que recogía leña. La llamo y le dijo: «Por
favor, tráeme un poco de agua en un Jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: «Te
juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda solo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.» Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mi un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciara, la alcuza de aceite no se agotara, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra. Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron el, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agoto, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 145)

Alaba, alma mía, al Señor.

Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda 
y trastorna el camino de los malvados. 
El Señor reina eternamente, 
tu Dios, Sión, de edad en edad. 

2ª LECTURA (He 9,24-28)

Lectura de la carta a los Hebreos.
Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres -imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los anos y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho el se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

EVANGELIO (Mc 12, 38-44)

Lectura del santo evangelio según san Marcos.
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia mas rigurosa.» Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acerco una viuda pobre y echo dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas mas que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» 


¿TIENE VALOR EL DINERO?

1. LAS APARIENCIAS, TANTAS VECES, ENGAÑAN
El valor de las cosas no depende de su tamaño, ni de su brillo, ni del ruido que producen. Hay pequeñas cosas, detalles menudos, que de pronto son capaces de convertirse en protagonistas de todo un paisaje. Jesús, como haría un buen director de cine, sabe acercar unas veces su cámara a un detalle que parecía insignificante, y hacer que crezca, que se destaque y se adueñe de la pantalla; otras, en cambio, pasea su mirada con indiferencia, sin detenerse siquiera, sobre sucesos y personas que acaparan la atención de la gente.

2. TIENE OTRA MANERA DE VER LAS COSAS, OTRA ESCALA DE VALORES. 

Para Él, por ejemplo, lo importante no es dar, sino darse. Por eso, no lo engaña el ruido de un torrente de monedas cayendo en el cepillo del Templo: es un ruido engañoso, porque viene de alguien que da de lo que le sobra. Pero los oídos atentos de su corazón  captan un sonido casi imperceptible: el que producen, al caer en el cepillo, dos moneditas; las está echando, casi a escondidas, una pobre viuda. Jesús percibe que ahí está latiendo un corazón; ahí hay alguien que se está dando a sí mismo.
Entonces toma Jesús ese trozo de vida y nos lo pone delante de los ojos. Llama a sus discípulos y les dice: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. (Exactamente igual que aquella otra viuda, a quien hemos visto dar al profeta Elías su último pedazo de pan).

3. HEMOS SALTADO LA APARIENCIA, TANTAS VECES ENGAÑOSA, para llegar a la verdad profunda de las cosas. Puede ser falso, por mucho ruido que produzca, el gesto de unos grandes donativos: si parten de personas que dan de lo que les sobra. En cambio, quien da todo lo que tenía para vivir, por poco que sea, se está colocando a la cabeza de la lista; porque se está dando a sí mismo.
Estamos tocando el fondo de una entrega absoluta, de una confianza plena, de un gran amor. Para Dios, no importa cuánto damos; ¿acaso Él necesita algo de nosotros? Por mucho que le ofrezcamos, siempre será nada si el amor no le da peso. Lo que a Él le interesa no es lo que tienes: le interesas tú. En la medida en que te des en lo que das, el humo de tu incienso subirá derecho hasta el trono de Dios. Domund, Campaña contra el Hambre, Cáritas, Día de la Iglesia Diocesana... El dinero no tiene, para Dios, ningún valor en sí mismo. Pero cuando es expresión de un corazón que ama, cuando es vida que se comparte, entonces sí, adquiere alma, toma peso y valor para el Reino. Porque ya no estás dando de lo tuyo; menos aún, de lo que te sobra: eres tú mismo el que te estás dando. Tu dinero cobra sentido y valor, adquiere vida y da vida, cuando va junto con tu oración, con tu cariño, con tu tiempo y tu esfuerzo por hacer un mundo mejor. Así, sí.
¿Tenemos la escala de valores del mismo Jesús? ¿Somos capaces de dar lo necesario alguna vez, en lugar de desprendernos sólo de lo que nos sobra? ¿Compartimos como verdaderos cristianos nuestros bienes?

Parroquia de Cristo Rey Jaén 2008 ©