21:07 h del Jueves día 26 de Abril de 2018

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Palabra de Vida

DOMINGO QUINTO DE PASCUA (Ciclo B)

DOMINGO QUINTO DE PASCUA (Ciclo B)

UNA COMUNIDAD CRISTIANA MÁS ACOGEDORA

Los textos bíblicos de las misas pascuales nos van ayudando a entender mejor el misterio de Cristo y también la imagen de una comunidad más pascual. Hoy se nos presenta la comunidad de Jerusalén, que da testimonio de Cristo Resucitado no sólo con sus palabras, sino también con su actitud vital. Es una comunidad que va creciendo, movida por el Espíritu, y que va madurando, ayudada por las dificultades internas y externas. Aun en esas circunstancias nos ofrece una imagen de serenidad y de paz.
Es admirable la conversión de Pablo, su entusiasmo por Cristo y su decisión de acudir a Jerusalén, a confrontar su misión con la de los apóstoles. No quiere trabajar por libre. Pero también es admirable que la comunidad le acoja, a pesar de su historia anterior a la conversión.
Una comunidad puede tener la tentación de cerrarse, de querer la uniformidad en ideología y métodos. Ante la visita de un antiguo perseguidor, ahora convertido, la comunidad da una lección de pluralismo e imaginación. Pablo es apóstol de otro modo. Su trabajo será distinto. Y a pesar de todo, le aceptan.
Hoy la comunidad cristiana se ha hecho más plural. Hay mayor diversidad de dones y carismas. Hay grupos, movimientos, corresponsabilidad de los laicos. Hacen falta personas como Bernabé que sepan discernir valores y tender puentes.


«El que permanece en mí da fruto abundante»


1. LOS FRUTOS DE VID

La imagen de la vid seguramente se nos ha quedado muy impresa en la lectura del evangelio de hoy. Se trata de una comparación sencilla pero llena de sentido, tomada de la vida del campo. Así como el pasado domingo nos decía Jesús que Él era el Buen Pastor, hoy se compara a la vid, una cepa de la que nosotros somos los sarmientos. Todos entendemos lo que nos quiere decir: se trata de permanecer unidos a Él, porque así tendremos vida y daremos fruto; en cambio, si nos separamos de Él, quedaremos estériles, ya que sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5). Celebrar la Pascua no es sólo alegrarnos de que Cristo haya resucitado, sino dejarnos conquistar por su vida, unirnos a Él, permanecer en Él. Él nos prometió: Yo estoy todos los días con vosotros hasta el final de los tiempos (Mt 28, 21). Si bien, hoy, concretamente, nos dice que somos nosotros quienes debemos estar con Él; es lo que dice en esta afirmación: Permaneced en mí  (15, 4).

2. SEPARADOS NO PODEMOS DAR FRUTO

Bien sabemos que el sarmiento que se separa de la cepa no puede dar fruto alguno, se muere; no puede extrañarnos, efectivamente, que nos debilitemos, que estemos enfermos espiritualmente y terminemos perdiendo del todo la vida de la gracia, al separarnos de quien es la fuente de esa vida que es el propio Cristo Jesús. Desde luego que siempre habrá una voz que gritará en el interior de cada uno: tú que duermes, despierta, resucita.
Alguien preguntará qué significan las expresiones “vivir unidos a Cristo” o “permanecer en Él”. Ante una espiritualización desencarnada de estas expresiones, el apóstol san Juan en su Primera Carta nos brinda su respuesta:: No amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras (1 Jn 1, 18). Se trata, pues, de vivir amando en su doble dimensión: a Dios y al prójimo; a Dios por sí mismo, al prójimo “en Dios o por Dios”..
 
3. LA COMUNIÓN NOS LLEVA AL AMOR

Hay que subrayar que nuestra vida con Dios necesita ser alimentada y fortalecida. Y esto lo llevamos a cabo por la oración, la Eucaristía y los otros sacramentos. En la Eucaristía, concretamente, se cumple lo que nos dijo el propio Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él (Jn 6, 56). Comunión eucarística que ha de llevarnos, una vez más, al amor fraterno.  Amar a los que tenemos en torno nuestro es la primera lección que nos dio Jesús. Si en la vida no buscamos nuestro propio interés, sino el bien de los demás, entonces sí que “permanecemos en Cristo”. Él nos dijo que las preguntas finales serán todas ellas sobre una asignatura que se llama CARIDAD (amor a Dios y al prójimo). ¡Qué bien sabía esto san Juan de la Cruz cuando escribió esta sentencia!: “Al atardecer de la vida te examinarán del amor”. Las lecturas de hoy nos invitan a mantenernos estrechamente unidos a Cristo y, desde esa unión, a colaborar activamente en la construcción de la comunidad. Si lo hacemos así, vale la pena la Pascua que estamos celebrando.
¿Qué cristianos son capaces de dar frutos? ¿Permanecemos unidos al Señor en la comunidad cristiana por el amor?
Parroquia de Cristo Rey Jaén 2008 ©